El arte es una mentira que nos acerca a la verdad. (Pablo Piccaso)

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martes, 26 de mayo de 2015

“EL GRAN MASTURBADOR” DALÍ
DOCUMENTACIÓN GENERAL:
El título de la obra es “El gran masturbador”, pertenece a Salvador Dalí (1904-1989) que lo realizó en 1929. El estilo al que pertenece es Surrealismo con una técnica al óleo en un lienzo de 1,1 x 1,5 m. Actualmente se encuentra en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, en Madrid.

EL ARTISTA:
Durante el verano de 1929, Dalí recibió una visita que cambiaría su vida y su obra: el poeta Paul Eluard, su esposa Gala y otros surrealistas se instalaron durante unas semanas en Cadaqués. La aparición de Gala marcó un antes y un después en la vida de Dalí.
La presencia opresiva de su padre y sus temores ante el sexo se diluyen y dejan paso a un artista de éxito en París (capital mundial del arte), que ingresa en el grupo surrealista; su amante, Gala, le dará confianza en sí mismo.
Este lienzo es una de las primeras obras claramente surrealistas de Dalí. Las influencias del movimiento surrealista y de las teorías psicoanalíticas de Freud, la evocación de su reciente encuentro con Gala, sus tendencias autoeróticas y las alusiones a su infancia se aúnan en esta obra llena de simbolismo.
ELEMENTOS SIMBÓLICOS:
“El gran masturbador” sorprende por el esmero y paciencia con el que ha sido pintado. Cada elemento está plasmado con una precisión casi fotográfica. Dalí usó una pincelada muy precisa y colores luminosos y brillantes. El color amarillo del rostro central resalta sobre el azul degradado del cielo y contrasta con los tonos más sonrosados de la pareja ubicada en el lado opuesto.
COMPOSICIÓN:
Dalí distribuye los elementos en un espacio dividido en dos mitades desiguales: la inferior representa una playa, y la superior, claramente mayor, el cielo.
En la parte central del cuadrado se halla una cabeza gigante, con un ojo cerrado y una prominente nariz apoyada en el suelo. En el lugar de la ausente boca, se adhiere una langosta de grandes dimensiones con el vientre plagado e hormigas.

Otros detalles dotan de singularidad a la cabeza: las plumas de colores que surgen a la manera de pestañas, las piedras que alzan sobre la testa y el anzuelo que se aferra a sus escasos cabellos.
A la altura del hipotético cuello, surge una cabeza de león con una prominente lengua. Más arriba, una mujer arrima la cara a los genitales de un varón.
En la playa se observan dos grupos humanos: en la parte central, un hombre abraza una roca con apariencia femenina; en la izquierda, un joven proyecta su sombra sobre dos diminutas figuras, un padre y su hijo.
Esta pintura nos remite, en clave surrealista, al encuentro del artista con Gala y a sus propias obsesiones sexuales. Es fruto de la pasión erótica que Gala despertó en Dalí, pero no puede explicarse sólo a partir de ella: las teorías surrealistas y psicoanalíticas, la infancia del artista y la omnipresencia de la figura paterna también son imprescindibles para comprender la obra. La figura central del lienzo es un autorretrato del pintor.
Los símbolos sexuales son frecuentes: la lengua voluminosa y enrojecida que surge de la cabeza del león como si fuera un pene erecto; la mujer que acerca que acerca su cara a los genitales del varón; el lirio, símbolo de pureza, es decir, la masturbación como única forma de actividad sexual, ya que para Dalí cualquier otra relación sexual implicaba una situación donde un ser humano devora a otro; la langosta, animal que causaba horror al pintor y que evoca a la mantis religiosa y a su carga erótico-caníbal con respeto al macho, en este caso él mismo, encarnado en el rostro central; las hormigas concentradas en el vientre de langosta.


Las figuras que se abrazan rememoran su relación con Gala y sus paseos por la playa. La soledad que provoca esta ensoñación está sugerida por la figura solitaria de la izquierda y la sombra que esta proyecta sobre unos minúsculos padre e hijo, que retrotraen a su infancia.
El anzuelo con la cuerda rota recuerda a la ausencia de Gala pero, también, los intentos de su familia por retenerle. Las plumas de colores son claras referencias a su infancia, mientras que las piedras que reposan en la cabeza serían manzanas petrificadas que remitirían a la de Guillermo Tell y que simbolizarían la sumisión del hijo respecto al padre.
SUEÑOS PINTADOS A MANO:
Dalí se sirvió de las teorías psicoanalíticas para plasmar su personalidad y sus obsesiones: el complejo de Edipo, la megalomanía, la obsesión por Gala…
Dalí definió sus cuadros como “fotografías de sueños pintados a mano”, pues con frecuencia relacionaba de manera totalmente innovadora elementos oníricos con reales. La influencia de artistas surrealistas o afines a este movimiento determinó la obra de Dalí de finales de los años veinte.
En el campo teórico, André Breton marcó las pautas iniciales de su pintura, pero Dalí, en lugar de conformarse con la pasividad que proponía el primero para expresar el “funcionamiento real del pensamiento”, abogó por la autoinducción de imágenes de su subconsciente.
Además, solía tomar prestados elementos procedentes de grandes autores (El Bosco, Vermeer, Velázquez…) y los reelaboraba a su gusto.
FUENTES:
Nuevo Arterama, Vicens Vives.


viernes, 22 de mayo de 2015

Las Meninas

¡Hola artemaniacos!

Hoy queremos presentaros una de las obras más importantes en el panorama nacional. La que se considera como la obra cumbre de Velázquez y que ha sido muy comentada y analizada dentro del mundo del arte: Las Meninas.


Las Meninas

FICHA TÉCNICA

Título: Las Meninas

Autor: Diego Velázquez (Sevilla, 1599 - Madrid, 1660)

Cronología: 1656

Estilo: barroco

Técnica: óleo sobre lienzo

Tema: retrato

Localización: Museo del Padro (Madrid)


BIOGRAFÍA DEL AUTOR

Considerado uno de los grandes genios de la pintura, Diego Rodríguez de Silva y Velázquez se formó como aprendiz en el taller de Francisco Pacheco. En 1617, a la corta edad de 18 años, Velázquez ya era maestro pintor y al año siguiente se casó con la hija de su maestro. En 1622, visitó por primera vez Madrid, donde regresó al año siguiente llamado por el Conde Duque de Olivares, el valido de Felipe IV. Después de pintar un retrato hoy perdido del monarca, fue nombrado pintor de corte a la edad de 24 años. La visita de Rubens a España en 1628 revivió el deseo del pintor sevillano de visitar Italia, a donde fue en dos ocasiones (1629-1631 y 1648-1651). Allí, Velázquez, además de poder estudiar a los grandes maestros, su valía como pintor fue ampliamente reconocida, pudiendo retratar a grandes personalidades como el Papa Inocencio X.

Al final de su vida, su reconocimiento como pintor llegó al máximo grado, al serle otorgada la Cruz de la orden de Santiago, una gran distinción para quien fue pintor de nobles, reyes y papas.

Autorretrato de Velázquez



DESCRIPCIÓN FORMAL

El cuadro muestra a todas las figuras dispuestas en la parte inferior de la composición, por lo que el artista consigue crear un gran campo visual. La infanta Margarita se establece como punto convergente de las diferentes diagonales compositivas que dibujan el resto de personajes y que se proyectan desde la infanta hasta el espejo y la puerta del fondo. Estos dos elementos, espejo y puerta, aportan además una gran profundidad escénica. El primero refleja algo que quizá esté fuera del espacio visual. Sorprende, asimismo, la gran modernidad en el corte de algunas figuras y objetos en los márgenes del lienzo, detalle que aporta una dosis de espontaneidad a la escena y que fue muy utilizado a finales del siglo XIX a raíz de la influencia de la fotografía.

Mastín
Velázquez utiliza indistintamente una pincelada larga y fluida, con otra corta y precisa, que le ayuda a perfilar con gran maestría los detalles en los vestidos de las infantas. Su inigualable pincel es capaz de transmitir, con gran realismo, texturas tan diferentes como la dureza de la madera, la rigidez de los vestidos de las infantas o la suavidad del pelaje del perro en el que parece que se hundirá el zapato de un enano.

También es excepcional la captación de la luz, tanto en sus efectos generales como en los detalles. En la obra existen dos focos lumínicos: el que artificialmente irradia directamente sobre las figuras en primer plano, y el que entra en la habitación a través de la puerta abierta al fondo, dejando el resto de la composición en la penumbra. A su vez, Velázquez domina perfectamente la técnica de la perspectiva aérea y plasma la atmósfera existente entre los cuerpos mediante el difuminado de sus contornos que, junto al contrate entre la parte iluminada (centro) y la oscura (paredes y techo), refuerza el sentido de la profundidad escénica.

La paleta es de una gran riqueza cromática, destacando los matices tonales del blanco y el negro, y su contraste con el rojo de los detalles ornamentales de los vestidos.


TEMÁTICA

Inicialmente, este lienzo constaba en los inventarios de palacio como El cuadro de la familia. No fue hasta 1843 cuando el pintor Madrazo dio al cuadro su denominación actual, Las Meninas, palabra de origen portugués que significa "dama de honor".

Infanta Margarita
La escena se sitúa seguramente en un aposento del Alcázar de Madrid, donde el pintor sevillano tenía su taller. En el centro está la infanta Margarita, con doña María Agustina de Sarmiento a su izquierda y doña Isabel de Velasco a su derecha, ambas damas de honor de la infanta. También aparecen los enanos Mari Bárbola y Nicolasito Pertusato, quien da una patada al tranquilo mastín que yace en el suelo.

En un segundo plano a la derecha, hay dos figuras de pie que se relacionan con doña Marcela de Ulloa -sirvienta de las damas de la reina- y don Diego Ruiz de Azcona -un guardadama-. Al fondo, en el vano de la puerta abierta, se encuentra don José Nieto Velázquez, aposentador de palacio y posible pariente del pintor. Junto a él, y reflejados en el espejo, aparecen los bustos del rey Felipe IV y de la reina MAriana de Austria. Más a la izquierda está el autorretrato del pintor con el pincel y la paleta en sus manos, luciendo la cruz de la orden de Santiago.

Finalmente, colgados en la pared aparecen representadas dos escenas mitológicas, copiadas respectivamente de Rubens (Palas y Aracne) y de Jordanes (Apolo y Marsias).

La temática de la obra ha suscitado numerosas interpretaciones. La más aceptada es la que considera que el lienzo muestra la irrupción de la infanta Margarita y su séquito en el estudio del pintor, ocupado en la elaboración de un retrato de la pareja real, cuya efigie se plasma en el espejo. Sin embargo, según la reconstrucción de perspectivas, el espejo también podría reflejar lo que está pintado en el cuadro, y en ese caso habría que preguntarse a quién miran el pintor, la infanta y otros personajes del séquito.
Espejo reflejando al rey Felipe IV y la reina Mariana de Austria

Algunos estudiosos han interpretado la pintura como un alegato del artista sevillano a favor de la nobleza de la pintura, equiparándola a la poesía y, por lo tanto, siendo considerada como Arte y no como artesanía.

En esta línea se entendería y se justificaría la aparición, a la izquierda del cuadro, del autorretrato del pintor con el pincel y la paleta en sus manos, luciendo la cruz de la orden de Santiago, conseguida tres años después, en 1659, y que según la leyenda pintó el propio Felipe IV tras su muerte, en señal de reconocimiento al artista.

Una vez finalizado, el cuadro fue colgado en el despacho de verano de Felipe IV, un lugar al que sólo el rey tenía acceso y que indica el cariz privado y familiar que tuvo esta obra para él.


MODELOS E INFLUENCIAS:

Velázquez asimiló rápidamente el arte pictórico del pasado -en especial la pintura veneciana del siglo XVI (Tiziano) y el naturalismo de Caravaggio- y aprendió de grandes maestros contemporáneos como Rubens, para acabar creando una técnica y un estilo personales que le llevaron a ser una de las figuras cumbres del arte barroco.

En cuanto al lienzo de Las Meninas, tanto la posición en primer plano del perro, como el recurso del espejo en el fondo reflejando aquello que supuestamente no está en el espacio pictórico, han sido comparados con la célebre obra de Van Eyck, el Matrimonio Arnolfini, que hace unas semanas analizamos en este mismo blog ( http://poramoralarteuva.blogspot.com.es/2015/05/titulo-los-esposos-arnolfini-autor-van.html ).

Como la mayoría de pintores españoles, Velázquez fue muy poco conocido fuera de su país hasta inicios del siglo XIX, a raíz de las guerras napoleónicas. A partir de entonces, su pintura se convirtió en fuente de inspiración de los artistas más progresistas, que sobresalieron la tremenda modernidad de su técnica. Entre ellos sobresalieron los impresionistas y concretamente Manet, quien calificó al genio sevillano como "el pintor de los pintores".

Picasso: Las Meninas (1957)
También en España, Velázquez tuvo a un gran admirador y seguidor, Goya, quien pudiendo estudiar su obra en las colecciones reales, se inspiró claramente en Las Meninas para pintar La familia de Carlos IV.

En el siglo XX, su obra ha sido motivo de reflexión y reinterpretación por una serie de artistas, entre los que destacan Francis Bacon, Picasso y el Equipo Crónica. El primero, gran admirador de la obra velazqueña, realizó una serie de cuadros en los que el Retrato de Inocencio X es el protagonista.




Equipo Crónica: Interior de las Meninas (1972)
Las Meninas, en particular, fueron diseccionadas y reinterpretadas por Picasso en múltiples cuadros, en los que el tema es la composición en su totalidad y en sus diversos detalles.

Por su parte, dentro de la tendencia del Pop Art, destacan las pinturas y las recreaciones escultóricas del Equipo Crónica sacadas del cuadro e individualizadas como objeto artístico. Estas apropiaciones de las obras del pasado caracterizan las últimas tendencias artísticas de la modernidad.




FUENTES

Historia del Arte Vicens Vives
Wikipedia

miércoles, 13 de mayo de 2015

El matrimonio Arnolfini (Van Eyck)
Pocas obras de Van Eyck superan el medio metro de altura; pese a ello, la riqueza de detalles y la trascendencia simbólica de las escenas representadas han convertido a su autor en un maestro del microcosmos.

Sus cuadros están impregnados de un fuerte realismo que nos permite conocer el mundo en que vivió: un mundo urbano de comerciantes.
Su cronología es de 1434, es un lienzo al óleo, cuyas dimensiones es una tabla de 84 x 57 cm, bastante pequeño para representar todos los detalles tan pequeños que contiene.
Actualmente se encuentra en el museo National Gallery, en Londres
EL ARTISTA:
Jan van Eyck (1390-1441) nació en la ciudad flamenca de Maaseik. Tras formarse en París, sirvió a Juan de Baviera, conde de Holanda, para quien realizó una colección de miniaturas, y posteriormente pintó para el poderoso duque de Borgoña, Felipe el Bueno. Es uno de los protagonistas de la transición entre el Gótico internacional y la pintura flamenca.
ELEMENTOS PLÁSTICOS:
Tres colores destacan en la composición cromática del cuadro: el verde intenso del vestido de la novia, el marrón de la túnica que luce el mercader, y el rojo que impregna los ropajes del mobiliario. La luz proviene de una ventana situada a la izquierda del espectador, detrás del personaje masculino. El foco de la luz confiere una atmósfera especial a la escena: ilumina de lleno la figura de la novia y al mismo tiempo crea una zona de penumbra en torno a su prometido.
Van Eyck consiguió el realismo a base de ir añadiendo detalles, para lo cual cambió la manera tradicional de pintar: sustituyó el huevo, usado habitualmente como base para mezclar los pigmentos (temple) por el aceite (óleo), que secaba más lentamente y permitía añadir pequeñas pinceladas. Así, pudo ir aplicando capas de colores hasta conseguir el efecto deseado, al tiempo que obtenía (mediante el pincel afiliado) una gran exactitud.
COMPOSICIÓN:
La construcción del espacio se realiza a partir de la confluencia, en la pared del fondo, de los planes laterales (la pared de la ventana a la izquierda, y el dosel de la cama a la derecha) y el plano inferior (el suelo). También en el fondo  confluyen las líneas de fuga, representadas por las vigas del techo y los tablones de madera del suelo, lo que proporciona a la escena un efecto tridimensional. Dicho efecto es reforzado por la existencia de un espejo convexo en la pared, recurso utilizado por otros artistas más tarde (Velázquez, en Las meninas); en él se ven reflejados dos personajes, situados frente a los esposos, y que supuestamente contemplan la escena. Uno de ellos, según la inscripción colocada encima del espejo (“Johannes de Eyck fuit hic, 1434”, “Johannes van Eyck estuvo aquí”), podría ser el mismo autor del cuadro. Gracias al recurso del espejo, van Eyck consigue un nuevo plano, invisible, que corresponde a lo que los esposos tienen ante sí.
En el techo, entre los esposos, cuelga una dorada lámpara que centra la composición.
Observamos que el esposo coge con su mano izquierda la mano de la mujer, al mismo tiempo que con la derecha realiza un gesto que significa aceptación. La prometida por su parte, baja la cabeza en señal de modestia. Detrás de la pareja, en el lado opuesto a la ventana, se ve una cama con dosel, signo inequívoco de que se hallan en la cámara nupcial.
CONTENIDO:
Representa los esponsales entre Giovanni Arnolfini, rico mercader italiano instalado en Flandes, y su prometida, Giovanna Cenami. La escena se desarrolla en la cámara nupcial.
Aunque en apariencia pudiera ser considerado una estampa costumbrista, el cuadro está cargado de simbolismo religioso. La única vela que en pleno día está encendida en la lámpara que cuelga del techo, simboliza a Jesucristo, cuya presencia santifica a los esposos. La lámpara, junto con la estatuilla de Santa Margarita, situada en el pomo de la cama, quiere simbolizar la unidad del matrimonio.
Los zuecos de madera indican que el matrimonio están descalzos (como Moisés en el Sinaí, cuando tocó tierra sagrada), lo cual simboliza lo sagrado del acto.
El perrito representa la fidelidad conyugal; la borla que cuelga de la cabecera de la cama y el vientre de la mujer aluden a la fertilidad; las frutas sobre el alféizar de la ventana y el arca, a la inocencia.


EL REALISMO EN LA PINTURA FLAMENCA:
El cuadro contiene los ingredientes básicos de la pintura flamenca: protagonistas burgueses, detalle, y gran minuciosidad, y simbolismo.
Van Eyck buscó la representación casi tridimensional de la realidad. Aplicó la perspectiva y consiguió una profundidad y un realismo desconocidos hasta entonces.
FUENTES:

Vicens Vives: Nuevo Arterama
Imagenes: www.hdwalls.xyz // maestrodesociales.blogspot.com

sábado, 2 de mayo de 2015

UNA CÚPULA PARA LA CRISTIANDAD

La obra cumbre de Miguel Ángel Buonarrotti, y sin duda una de las más notables de la pintura universal de todos los tiempos, es la decoración del techo de la Capilla Sixtina, en el Vaticano, realizada por encargo del papa Julio II entre los años 1508-1512 y 1536-1541. 

En ella, Miguel Ángel plasmó una visión atormentada y vigorosa de la naturaleza humana, con los pasajes más característicos de la Biblia, desde la creación de Adán hasta el Juicio final. Su pintura se caracteriza por un tratamiento dramático del cuerpo humano, en tensión vigorosa, y por una concepción del volumen que denota una evidente influencia escultórica. El dramatismo de su concepción plástica, teñido de una tendencia a la exageración, es un claro precedente del arte barroco.

Cúpula de la Capilla Sixtina



FICHA TÉCNICA:


Título: Bóveda de la Capilla Sixtina y Juicio Final.

Autor: Miguel Ángel (Caprese, 1475 - Roma, 1564)

Cronología: 1508 - 1512 / 1536 - 1541.

Estilo: Renacentista

Técnica: pintura al fresco.

Tema: bíblico.

Localización: Capilla Sixtina del Vaticano.










AUTOR: 

Miguel Ángel Buonarroti fue pintor, escultor, arquitecto y dibujante. Durante su infancia y juventud estuvo relacionado con el selecto ambiente de la familia Medici en Florencia, al tiempo que aprendió el oficio de pintor en el taller de Domenico Guirlandaio, y de escultor en la escuela de los jardines de Medici, dirigida por Bertoldo Giovanni.

Tras la muerte de su mecenas, Lorenzo de Medici en 1492, Miguel Ángel se marchó a Bolonia, donde permaneció hasta 1496. Este mismo año, el genio florentino se fue a Roma, ciudad en la que consolidó su reputación, realizando importantes encargos papales, que compaginó con destacados trabajos en Florencia.


DESCRIPCIÓN FORMAL:


El enorme espacio de 36 x 13 m en planta fue dividido en el techo de la bóveda a través de diez arcos fajones pintados en nueve sectores transversales, que a su vez se subdividen en tres registros por la intersección de falsas cornisas. Sobre esta arquitectura pintada, Miguel Ángel dispuso todas las figuras ayudándose, en algunas escenas de los recuadros centrales, de sencillos fondos paisajísticos. En el resto de escenas, así como también en el gran fresco del Juicio Final, el genio italiano sitúa a los personajes sobre fondos monocromáticos, sin ninguna referencia arquitectónica ni paisajística clara.

Sin embargo, el artista suple esta carencia voluntaria de perspectiva gracias a su perfecta captación de la anatomía y la volumentría del cuerpo humano. Así, sus personajes aparecen robustos y musculosos, incorporando el espíritu de las obras de la antigüedad clásica y mostrando, asimismo, su importante faceta como escultor.

Juicio Final
Esta técnica de modelaje escultórico tiene su cumbre en los más de 400 personajes que aparecen en el Juicio Final. Las figuras que componen la escena emergen de un cielo azulado en el que flotan con una seguridad y energía extraordinarias.

Los distintos personajes están situados en diferentes planos, pintados mediante acentuados escorzos que anticipan el manierismo y el barroco, creando así una increíble sensación de movimiento que refuerza la tensión y el dramatismo de la escena. A ello también ayudan la impresionante expresividad de sus rostros (terribilità), destacando sobre todo la aterradora cara de Cristo.

Otro buen ejemplo de esta combinación de volumetría, dinamismo y expresividad es La creación de Adán, el fresco más famoso de todo el conjunto, en el que consigue transmitir de un modo increíble la magia de uno de los momentos más importantes de la tradición judeo-cristiana.

En cuanto al color, destacan el violeta y el verde (colores litúrgicos) en la bóveda y los ocres en las encarnaciones de los cuerpos desnudos del Juicio Final, a quienes la Iglesia mandó ocultar sus partes íntimas en 1564, restaurándose el original a finales del siglo XX.

Una vez restaurados los frescos de la bóveda y el Juicio Final, las pinturas ofrecen un cromatismo fuerte y luminoso, acorde con la visión original que se tuvo del conjunto en el siglo XVI.


TEMÁTICA:

Para la decoración de la bóveda de la Capilla Sixtina, el artista florentino ideó un extenso programa iconográfico bíblico dividido en tres registros. En el primer registro, arrancando desde las paredes, surgen a ambos lados los lunetos de las ventanas, en los que se muestra a los antepasados reales de Cristo.

En un segundo nivel, también a ambos lados, se representan personajes que anunciaron la llegada del Mesías: siete profetas, aparecidos en el Antiguo Testamento, y cinco sibilas, sacerdotisas de tradición griega, equivalentes paganas de los profetas.

En el tercer nivel, situado en la parte central, Miguel Ángel distribuye el espacio en nueve franjas rectangurales, dentro de las cuales representa nueve pasajes del libro del Génesis: La separación de la luz y las tinieblas, La creación de Adán, La creación de Eva, El pecado original y la expulsión del Paraíso, El sacrificio de Noé, El diluvio Universal y La embriaguez de Noé.

La creación de Adán

Flanqueando estas escenas aparecen, a ambos lados, cinco parejas de desnudos masculinos (ignudis) que sostienen diez medallones con otras tantas representaciones del Antiguo Testamento.

El impresionante fresco del Juicio Final representa la llegada del día en que Cristo valora el comportamiento humano, explicado en el libro del Apocalipsis de San Juan. Presidiendo la escena se encuentra la figura del Cristo-Juez, acompañado por la Virgen, con la mano derecha levantada en actitud de condenar.

Alrededor de la figura de Cristo-Juez está representada una corte de profetas, apóstoles y santos, entre los que destacan San Pedro a su izquierda con las llaves y San Lorenzo y San Bartolomé -quien adopta el rostro del propio pintor- a sus pies, con los símbolos de sus respectivos martirios: una parrilla y su propia piel.

Cristo-Juez
En la parte izquierda del Mesías se encuentran los condenados, que son lanzados al infierno por los ángeles justicieros. En el infierno les espera Caronte, personaje de la mitología greco-romana, que con su barca se encarga de llevar las almas impuras ante el juez infernal Minos -figura de la esquina con serpientes a su alrededor- y ante Leviatán.

En el lado derecho, Miguel Ángel representa a los bienaventurados, que suben al cielo con alguna dificultad, ayudándose los unos a los otros.

Finalmente, en los dos lunetos de la parte superior, el artista pinta a los ángeles portadores de los símbolos de la Pasión de Cristo: la columna, la cruz, los clavos y la corona de espinas.


MODELOS E INFLUENCIAS:

Para la creación de tan magna obra, Miguel Ángel tomó numerosas referencias, tanto artísticas como literarias. Según especialistas, el maestro italiano recurrió a los modelos de las estatuas clásicas, así como también a los frescos de Luca Signorelli en la catedral de Orvieto e incluso a pinturas de El Bosco, para la elaboración de las numerosas figuras.

En cuanto a referencias iconográficas, parece seguro el empleo de distintas fuentes literarias, como la Divina Comedia de Dante, el libro bíblico de Ezequiel y el Apocalipsis de San Juan, además de tomar alguna referencia de la mitología clásica, como el personaje de Caronte, el barquero de Hades.

Respetado por sus coetáneos ya en vida, la influencia de Miguel Ángel en el arte occidental ha sido enorme. Su gran dominio en la concepción volumétrica del cuerpo humano, tomada de sus rigurosos estudios anatómicos, ha influenciado a grandes artistas del barroco como Caravaggio y Rubens, y del siglo XIX como Géricault y Delacroix.


FUENTES:

Historia Visual del Mundo – Unidad Editorial, 1994

Historia del Arte, Vicens Vives.

jueves, 23 de abril de 2015

LOS COMUNEROS EN EL ARTE

Hoy es 23 de abril y, como no podía ser de otra forma, conmemoramos el Día de Castilla y León. Se celebra la derrota de los comuneros de Castilla en la batalla de Villalar, el 23 de abril de 1521.
Para ello hemos escogido una de las obras más destacadas sobre el tema, Ejecución de los Comuneros de Castilla, de Antonio Gisbert (1860).



EL AUTOR: 

Antonio Gisbert Pérez (Alcoy, Alicante, 1834-París, 1902). Pintor español. Director del Museo del Prado de 1868 a 1873. Su perfil artístico presenta dos fases bien diferenciadas. La primera pertenece a su etapa madrileña y como pensionado en Roma; la segunda -incluido el famoso cuadro Fusilamiento de Torrijos y sus compañeros en las playas de Málaga (Prado)- corresponde a la época de París, la más larga. Gisbert surge al mundo de la pintura en el momento inicial de las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes, cuando se valoran los grandes formatos y los argumentos historicistas, legendarios o de contenido literario. Gisbert no se sustrae a este compromiso, entre otras razones porque tiene verdadera necesidad de lograr el triunfo y el apoyo de la crítica e incluso de la política. Baste recordar que en seis años el pintor alcoyano logra tres medallas de oro casi consecutivas: 1858,Últimos momentos del príncipe don Carlos, remitido desde Italia; 1860, Ejecución de los comuneros de Castilla (Congreso de los Diputados), que a poco de ser premiado y conocido se entiende como un grito de rebeldía por la defensa de las libertades; 1864, Desembarque de los puritanos en América del Norte, otro argumento claramente reivindicativo.

Se trata de una pintura ajustada, perfectamente dibujados los personajes y puestos en escena los temas con habilidad compositiva, tal y como hacían los otros artistas que buscaban el aplauso y la medalla. A estos cuadros hay que añadir, entre otros, Doña María de Molina presentando a su hijo a las Cortes de Valladolid (Congreso de los Diputados),Salida de Cristóbal Colón del puerto de Palos, Amadeo de Saboya ante el cadáver del general Prim, y el ya citado referente a Torrijos y sus compañeros fusilados. Es decir, la historia con toda clase de licencias o enfoques personales que el pintor quiera.

En el periodo en que el pintor de Alcoy es director del Prado, es cuando realiza su cuadro Don Quijote en casa de los duques, que llega a presentar a la Exposición Nacional de 1871. Con Gisbert actúa de subdirector el escultor José Gragera y ambos son quienes reorganizan algunas salas y ponen al alcance de todos los españoles aquellos tesoros que había disfrutado tan solo la realeza. El Museo es ahora público y la privacidad ha terminado. La política cultural de España también viene observando algunos cambios, tal es la comisión que se nombra para proponer al Gobierno las bases para refundir en uno solo los Museos Nacionales de Pintura y Escultura del Prado y de la Trinidad, designando los objetos que deben incorporarse al mismo, que siendo propiedad de la nación se hallen en poder de corporaciones o establecimientos oficiales o particulares.



TEMÁTICA:

El cuadro representa la ejecución de Los Comuneros tras su derrota en la batalla de Villalar, el 23 de abril de 1521. Es un cuadro realizado dentro del estilo Romántico que trata de ilustrar la ejecución sumaria de los tres líderes de la revuelta comunera: Juan Bravo, Juan Padilla y Francisco Maldonado.

Aunque la ciudad de Toledo proseguiría la lucha un año más, hasta febrero de 1522, lo cierto es que la derrota de Villalar representó el fin de la primera gran revolución ciudadana a la que se debió enfrentar el emperador Carlos V a lo largo de su reinado.

La Guerra de las Comunidades de Castilla fue el levantamiento armado de los denominados comuneros, acaecido en la Corona de Castilla desde el año 1520 hasta 1522, es decir, a comienzos del reinado de Carlos I. Las ciudades protagonistas fueron las del interior castellano, situándose a la cabeza del alzamiento las de Toledo y Valladolid.

El levantamiento se produjo en una situación de inestabilidad política en la corona de Castilla, que se arrastraba desde la muerte de Isabel la Católica (1504). En octubre de 1517, el rey Carlos I llegó a Asturias, proveniente de Flandes, donde se había autoproclamado rey de sus posesiones hispánicas en 1516. A las Cortes de Valladolid de 1518 llegó sin saber hablar apenas castellano y trayendo consigo un gran número de nobles y clérigos flamencos como Corte, lo que produjo recelos entre las élites sociales castellanas, que sintieron que su advenimiento les acarrearía una pérdida de poder y estatus social.

Las demandas fiscales, coincidentes con la salida del rey para la elección imperial en Alemania (Cortes de Santiago y La Coruña de 1520), produjeron una serie de revueltas urbanas que se coordinaron e institucionalizaron, encontrando un candidato alternativo a la corona en la reina propietaria de Castilla: la madre de Carlos, Juana. Tras prácticamente un año de rebelión, se habían reorganizado los partidarios del emperador (particularmente la alta nobleza y los territorios periféricos castellanos, como Andalucía) y las tropas imperiales asestaron un golpe casi definitivo a las comuneras en la batalla de Villalar, el 23 de abril de 1521. Allí mismo, al día siguiente, se decapitó a los líderes comuneros (Juan de Padilla, Juan Bravo y Francisco Maldonado). El ejército comunero quedaba descompuesto.


COMPOSICIÓN:

Gisbert ha representado el ajusticiamiento de los principales líderes de la revuelta de las Comunidades de Castilla, levantados en armas contra el rey Carlos I para defender las libertades del reino en contra de los proyectos imperialistas del monarca. La ejecución tuvo lugar en Villalar el 24 de abril de 1521. En lo alto del patíbulo levantado en la plaza mayor de la villa castellana -cuyo caserío e iglesia se recortan ante el cielo- Juan de Padilla escucha con entereza los consuelos que le otorga un fraile dominico que señala con sus manos al cielo. Padilla viste ricos ropajes que nos indican su ilustre condición, bajando su mirada con gesto resignado y valiente, aguantando con firmeza la visión del cuerpo degollado de su compañero Juan Bravo, cuyas manos inertes están siendo desatadas por uno de los verdugos. Otro de los verdugos, como escarmiento, muestra al pueblo la cabeza del ajusticiado. Francisco Maldonado, el tercer líder de la revuelta, comienza a ascender las escaleras del patíbulo con gesto incómodo ante los protocolarios consejos que le da un fraile anciano que empuña un pequeño crucifijo.
 
Padilla es el eje y centro de la composición, siendo el que atrae la primera mirada del espectador, distribuyendo Gisbert de manera equilibrada el resto de las figuras, al tiempo que exhibe su dominio de las proporciones y de los escorzos, como el verdugo que desata las muñecas o el cadáver del comunero degollado. También distribuye acertadamente los planos, desde las dos figuras del extremo derecho, cortados sus cuerpos para resaltar la altura del cadalso, hasta el verdugo del fondo que proyecta su brazo con la cabeza cortada hacia el fondo de la escena, marcando al diagonal que organiza la composición. Gisbert ha introducido el tratamiento secuencial en la escena al disponer las tres fases del suceso: la subida al patíbulo, la espera y la degollación.

Debemos destacar la perfección del dibujo y el magistral dominio en la reproducción de las calidades táctiles de las telas, así como los nobles rostros de los comuneros que contrastan con la impersonalidad de los monjes. Gisbert emplea una perspectiva de abajo a arriba con el fin de colgar el lienzo a cierta altura y crear en el espectador el ilusorio efecto del patíbulo, situando el cuerpo del comunero degollado a la altura de la vista para causar el sobrecogimiento del espectador.




CONTEXTO DE SU CREACIÓN:

Tras siglos de silencio, los héroes de la Guerra de las Comunidades irrumpieron en el mundo de las bellas artes en la última etapa del reinado de Isabel II, marcado por el moderantismo y las influencias crecientes de la alta burguesía y de la aristocracia. La crisis de su peculiar adaptación del liberalismo cimentaba año tras año el descontento contra el régimen monárquico, tanto en la calle como entre políticos y militares.

Fue con ese caldo de cultivo, y mientras se expandían como la pólvora los ideales progresistas, cuando el alcoyano Antonio Gisbert Pérez presentó en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1860, a los 26 años, el lienzo ‘Los comuneros de Castilla’, calificado por el catedrático de Historia del Arte Carlos Reyero como «una de las obras capitales de temática histórica» en la pintura española.

El valenciano escogió como tema central un episodio que apenas se había abordado en las bellas artes españolas hasta entonces, donde se ponía de relieve un momento controvertido en la historia del país. Como escribe el jefe de Conservación de Pintura del Siglo XIX en el Museo del Prado y académico de la Real Academia de la Historia, José Luis Díez García, la obra «ponía en entredicho la actuación de la Corona, mostrando a los que van a morir como mártires triunfantes en defensa de las ideas de la justicia y la libertad».

El lienzo fue visto por buena parte del jurado de la Exposición (integrado en su mayor parte por académicos conservadores de San Fernando) como un ataque contra la corona y una crítica a la opresión del poder absoluto, y pese a las unánimes alabanzas a su ejecución, las posturas encontradas entre progresistas y conservadores frustraron sus posibilidades de conseguir la condecoración extraordinaria, y tuvo que conformarse con la medalla de primera clase. El cuadro original puede contemplarse en el Congreso de los Diputados.

El lienzo de Gisbert abrió la veda a una veintena de obras protagonizadas por los comuneros o por otros protagonistas decisivos de la Guerra de las Comunidades en los albores del siglo XVI. No en vano, ese mismo año de 1860 se presentó en la Exposición Nacional la obra ‘Doña María Pacheco logra salir disfrazada de la ciudad de Toledo, merced a la generosidad de Gutierre López de Padilla’, de Manuel Domínguez Sánchez, y poco después el catalán afincado en Madrid Gabriel Maureta y Aracil firmaba ‘Doña María Pacheco recibe la noticia de la muerte de su esposo Juan de Padilla’.


FUENTES:

https://www.museodelprado.es/enciclopedia/enciclopedia-on-line/voz/gisbert-perez-antonio/
"Los comuneros: del mito al lienzo" Agencia ICAL
http://www.artehistoria.com/v2/obras/10956.htm
http://vli2.blogspot.com.es/2013/12/comentariocuadro-los-comuneros-de.html

lunes, 20 de abril de 2015

EL NACIMIENTO DE VENUS







Este famosísimo cuadro fue una revolución en su época, siglo XV,  porque trató por primera vez, un tema mitológico en un cuadro de gran formato, recuperó el desnudo de los antiguos, perdido después de siglos de Vírgenes decorosamente vestidas, y apuntó nuevas soluciones pictóricas.

EL ARTISTA


Sandro di Mariano Filippei, más conocido como Boticelli es el autor de esta magna obra. Se inició como orfebre, pero se decantó por la pintura a los 17 años.

Realizó su formación pictórica en el taller de Filippo Lippi, pero su gran talento pronto le valió encargos propios de las mejores familias florentinas, incluidos los Médici, y del papa Sixto IV, para quién decoró con frescos las paredes de la Capilla Sixtina.

ELEMENTOS PLÁSTICOS



Boticelli distingue con nitidez lo que es la figura del fondo, utilizando líneas negras que delimitan los contornos de los protagonistas.

El empleo de colores suaves y de una luz uniforme aporta un aire de irrealidad al lienzo. La palidez de venus y de los otros dos personajes femeninos contrasta con la piel más oscura de la figura masculina.

El modelado de las figuras es superficial y el resultado, algo plano. Los cuerpos son delgados y de escaso desarrollo muscular si los comparamos con los pintados por otros artistas del Renacimiento.

COMPOSICIÓN.



El esquema compositivo es sencillo, pero lleno de fuerza. Las cuatro figuras que componen el cuadro, dos de ellas entrelazadas, provocan un juego de fuerzas que se contrarestan y proporcionan movimiento y tensión a la escena. Los vientos soplan sobre venus, que se yergue sobre una pierna que le sirve de punto de apoyo, mientras la otra queda libre, siguiendo el modelo de la estatuaria griega, con lo que transmite una sensación de vulnerabilidad y precariedad que su desnudez acentúa. Equilibra el lado derecho del cuadro la Primavera, que se apresura a cubrir a Venus con un manto.


Boticelli sacrifica la realidad para dotar de mayor armonía y gracia a sus figuras. Un examen atento de Venus revela un cuello demasiado largo, un brazo que se dobla de forma poco natural y unos hombros excesivamente estrechos y caídos.

El paisaje es concebido como un marco idealizado, en consonancia con la belleza de la diosa.

CONTENIDO


Lo que este cuadro representa no es propiamente el nacimiento de Venus, diosa romana del amor y la belleza, sino su llegada a la isla de Citerea, a cuyas costas arribó tras nacer de la espuma marina, según la obra La Metamorfosis, del autor clásico Ovidio.

Venus, que ha emergido del mar sobre una concha, es empujada a la playa por los soplos de Céfiro, el viento del Oeste, y de Cloris, su consorte y señora de las flores, que vuelan entrelazados.


En la orilla le espera la primavera, una de las cuatro Horas o diosas de las estaciones, para arroparla con un manto bordado de flores.

La interpretación mitológica da paso a las interpretaciones neoplatónicas del mito de Venus que, como miembro del círculo de los Médici, Boticelli conocía y compartía.


No es una simple exaltación de la belleza femenina, sino una alusión a la fuerza del amor en el conjunto de la naturaleza.

El cuadro está repleto de símbolos: las rosas que caen sobre la diosa hacen referencia al amor, pues implican alegría, pero también dolor en sus espinas; la concha se refiere a la fertilidad; la guirnalda de mirto que lleva la Primavera simboliza el amor eterno.

LA POESÍA CONVERTIDA EN PINTURA.


La concepción de la pintura de Boticelli es más poética que científica o matemática. Su objetivo no era recrear un espacio real, sino trascendente. Las figuras idealizadas de Boticelli proporcionan un profundo lirismo a sus cuadros.

La sensación de irrealidad se acentúa con el empleo de flores, la esquematización del fondo (olas en forma de camas) y el uso de colores delicados y brillantes.

Desde el punto de vista técnico, Boticelli se distingue por la calidad de su dibujo lineal y por su destreza para delimitar los contornos de las figuras.

Boticelli fue el primero en retomar los temas mitológicos, aunque los representaba de manera idealizada. Se le considera pionero en la integración del fondo en el cuadro, de forma que aquél contribuía a establecer su significado.

LOCALIZACIÓN ACTUAL

El Nacimiento en la actualidad se encuentra en la Galería de los Uffizi, en la ciudad italiana de Florencia.


CRONOLOGÍA y ESTILO


La obra está fechada en el año 1485 y se englobaría en el Renacimiento, más concretamente en el Quattrocento.

La técnica empleada en la obra es la de la Témpera sobre Tabla, cuyas dimensiones son 1,72x 2,78m).


BIBLIOGRAFIA:

  • Fernández A; Barnechea, E: Artis. Historia del Arte. Vicens Vives. 1998.
  • LLacay Pintat. T; Viladevall Valldeperas .M: Nuevo Arterama. 2007. Vicens Vives.